sábado, 5 de noviembre de 2011

Un mensaje a García



Durante la guerra entre España y Estados Unidos, en 1898, el General Garcia de los Estados Unidos de Norteamérica- fue cercado junto con sus tropas en la isla de Cuba.  García se vio obligado a ocultarse en las profundidades de la jungla.  Nadie conocía su paradero.  El no tenía ningún contacto con el mundo exterior.  No podían llegar hasta él ningún telegrama ni carta, pero Mac Kinley, el entonces Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, tenía que ponerse, sin falta, rápidamente en contacto con García.

¿Qué podía hacerse?

Un colaborador del Presidente formuló una certada sugerencia:  “Conozco a un hombre que sabrá encontrar a García.  Se llama Rowan”.

Mac Kinley hizo venir al tal Rowan y le entregó una carta, diciéndole:
“Entregue este escrito al General García y tráigame su respuesta”.  Rowan contestó: “¡Sí, Señor Presidente, se hará!”

Sobre como Rowan envolvió el mensaje en un paño de seda y se lo amarró al pecho; cómo desembarcó en la costa cubana, tras cuatro días de viaje en un bote descubierto, de noche y con niebla, y desapareció en la jungla; cómo cumplió su misión después de una marcha de tres semanas a través de territorio enemigo…, son circunstancias en cuyos detalles no necesitamos entrar aquí.

Para nosotros, lo importante es lo que dijo Rowan al hacerse responsable de  la carta:  “Sí, Señor Presidente, se hará!”.  Eso fue todo.  No hizo preguntas inútiles como:  “¿Dónde está García?”, “¿Como llego a Cuba?”, “¿Tengo que alquilar una barca o comprarla?”, “¿Cómo atravesaré las líneas enemigas sin que me atrapen?”, “¿De dónde obtendré el dinero para pagar el viaje?”.  Mac Kinley encargó a Rowan una misión y dejó en sus manos el hallar respuestas a las interrogantes que surgieran, pues sabía muy bien que él mismo no podía prever todas las situaciones con las que Rowan se habría de enfrentar.

Esta historia, que puede parecer normal y poco extraordinaria, fue publicada y comentada ampliamente, en marzo de 1899, por el “Philistine Magazine”.  Desde entonces, el artículo ha sido traducido a casi todas las lenguas del mundo.  Hasta hoy se han impreso más de cuarenta millones de ejemplares del “Mensaje para García”.

Pero dejemos la palabra del autor del artículo del “Philistine Magazine”:

En todo este asunto cubano hay un hombre que se alza en el horizonte de mi memoria como Marte en el perihelio.

En verdad, la figura de ese hombre debería esculpirse en piedra, fundirse en bronce y levantarse como un monumento en cada Universidad, en cada centro educativo del país.  Nuestros jóvenes no necesitan sabiduría de libros, ni enseñanza de todas las asignaturas académicas posibles. 

Lo que necesitan es acero en la espina dorsal, médula en los huesos, esa fuerza de carácter que les permita ser fieles a su deber, que les capacite para concentrar sus fuerzas, para actuar, para abordar un asunto…para llevar “¡Un mensaje a García!”.  ¡Y si el General García está muerto, todavía sigue habiendo Garcias a quien entregar una carta!

Quien se esfuerce hoy por llevar a cabo una empresa cualquiera, y quien necesite para ello muchas manos, el trabajo de las manos de otros, se horrorizará una y otra vez ante la inercia de las personas, ante la incapacidad o negativa para concentrarse en algo y llevarlo a cabo.

Lo corriente es ver la indiferencia culpable, la negligencia, el descuido y el trabajo a medio hacer.  Y la empresa está condenada a la quiebra si el patrón no consigue, mediante astucia y autoridad, con amenazas y sobornos, que sus empleados rindan en algo; a no ser que los dioses hubiesen realizado amablemente un milagro y le enviaran un ángel para ayudarle.

¿Quieres aventurarte a hacerte una prueba?

Supón que estás sentado delante de tu escritorio, con seis ayudantes a tu servicio.  Haces venir al que se encuntre más cerca, y le dices:  “Por favor, consulte la enciclopedia y hágame un resumen sobre la vida de Correggio”.

¿Dirá tu hombre tranquilamente:  “Sí señor”, y empezará a trabajar en ello? ¡Nunca! Con ojos saltones te mirará espantado, e ineludiblemente, te hará una o varias de las siguientes preguntas:  “Qué enciclopedia?”, “Es que me ha empleado para eso?”,  “No estará pensando usted en Bismarck?”, “¿Por qué no le puede hacer Paco?” , “¿ No prefiere que le traiga la enciclopedia para que lo consulte usted mismo?”, “¿Para qué lo necesita?”.

Y aunque tú le contestes con paciencia todas las preguntas y expliques con exactitud cómo puede encontrar mejor la información y para que la necesitas, te apuesto uno contra diez a que irá directamente al primer compañero que encuentre, para que le ayude a buscar a Correggio.  Y al final, volverá y te comunicará …¡que ese hombre no existe!

¿He perdido mi apuesta?

Y si eres inteligente, no te molestará en hacer comprender a tu “ayudante” que Correggio figura en la enciclopedia con “C” y no con “K”.  Por el contrario, sonreirás ligeramente y le dirás:  “Bueno, está bien”.  Y después irás y lo buscarás tu mismo.

Esta incapacidad para actuar por cuenta propia, este embotamiento moral, esta atrofia de la voluntad, este no --querer-arrimar-el-hombro son los que postergan para un futuro muy lejano el advenimiento del verdadero socialismo.  ¿Cómo podrían actuar para otros, personas que ni siquiera lo quieren hacer para si mismas? ¿Qué harían entonces, cuando los frutos de su trabajo tuvieran que redundar en beneficio de todos?

Probablemente no funcionaría sin un vigilante con garrote.  ¿Cuántos trabajadores, incluso hoy, se mantienen a raya solamente por miedo al despido? Busca un taquígrafo y  comprobarás que nueve de cada diez solicitantes no saben gramática, ni ortografía… y tampoco consideran importante el aprenderlas.  ¡Como podrían tales personas ser las encargadas de llevar un “Mensaje a García”?

En cada negocio, en cada empresa, en cada fábrica está en marcha un proceso de depuración permanente.  Continuamente se despiden personas que han dado testimonio de su incapacidad para fomentar los intereses de la empresa.  Y continuamente se contrata a nuevas personas.  Por muy buenos que sean los tiempos, este proceso de depuración continúa sin cesar.  Cuando los tiempos son malos y el trabajo escasea, se selecciona con mayor rigor.  -¡Fuera los holgazanes!--¡Largo con  los inútiles!-.  Solo el eficiente sobrevive.  Porque por su propio interés el empresario se queda con los mejores, con aquellos a quienes podría confiar un “Mensaje a García”.

Ni todo empresario es necesariamente altanero y rapaz, ni tan poco es virtuoso todo hombre pobre.  Mi amor y respeto tiene como destinatarios, a quienes hacen su trabajo estando o no el jefe cerca, a quienes aceptan en silencio un “Mensaje para García” sin hacer preguntas tontas, sin albergar la secreta intención de tirar la carta a la alcantarilla más póxima o hacer con ella sabe Dios que otras cosas, con tal de no verse obligados a entregarla.  A una persona así ni se le despide, ni tiene que regatear y, menos ir a la huelga por pedir un sueldo más elevado.  Lo que exige, se le concede.  Se le necesita en cualquier país, en cualquier ciudad, en cualquier pueblo, en cada oficina, en los comercios, en los negocios y las fábricas.  El mundo le está buscando, está clamando por él, se le necesita.  Se le necesita urgentemente a él, al hombre que, pueda encargarse de llevar un “Mensaje a García”.

Quien quiera lograr algo extraordinario tendrá que tomar, hoy también, el camino de la jungla cubana, estar dispuesto a realizar su encargo, a cumplir su misión a pesar de todas las dificultades, adversidades y contratiempos.

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